En mi camino como diseñador, el problema más frecuente que he encontrado en los procesos es la tendencia a “hacer por hacer”. Muchas veces, parece que el diseño es visto como un show o una receta estándar: “hagamos un workshop”, “hagamos entrevistas”. Estas actividades suenan geniales, pero la verdad es que con frecuencia surgen como propuestas automáticas, sin reflexionar si realmente las necesitamos o si existe una alternativa mejor.
El diseño es entender. Es el proceso de pasar de lo que no sabemos a lo que sabemos. ¿Cómo logramos esto? A través de metodologías de investigación, que pueden incluir shadowing, entrevistas, encuestas o incluso una búsqueda inteligente en internet. Esto no significa aplicar todas las herramientas disponibles, sino elegir la adecuada para el contexto.
El diseño es iterativo, lo que implica que no necesitamos saberlo todo sobre el usuario desde el inicio. A veces, se cae en la trampa de creer que el diseño profundo es equivalente a pasar horas y horas con los usuarios, registrando cada detalle, desde el café que toman hasta a qué hora van al baño. Estamos en 2025: esa clase de metodología exhaustiva ya no impresiona. No se trata de acumular información innecesaria, sino de priorizar qué es lo esencial para resolver el problema en cuestión y cómo podemos validarlo de manera ágil y precisa.
Un ejemplo de este enfoque iterativo se encuentra en el libro Lean UX de Jeff Gothelf, donde se enfatiza que debemos trabajar en ciclos cortos de prueba y aprendizaje. Esto nos permite aprender rápidamente lo que funciona y ajustar sin desperdiciar recursos en investigaciones interminables.
Una trampa común en el diseño es enamorarse de los procesos. Cuando algo funciona —por ejemplo, un workshop que generó buenos resultados—, es tentador repetirlo sin cuestionar si realmente es necesario. Pero el diseño no es un espectáculo para impresionar a jefes o clientes. No se trata de “sí, por supuesto, jefecito, qué bueno que le gustó mi trabajo”, sino de preguntarnos: ¿De verdad necesitamos repetir este ejercicio? ¿Cuál es su propósito en esta ocasión? Como dice Tim Brown en Change by Design, “El diseño centrado en el ser humano no se trata de aplicar recetas, sino de mantener la flexibilidad para adaptarse a cada contexto”.
El diseño, entonces, no es show. Aunque pueda ser divertido e incluso inspirador, no se trata solo de entretener, sino de obtener información relevante y utilizar los recursos disponibles de forma inteligente y razonable. Para esto, es fundamental mantener una mentalidad crítica y orientada a los resultados.
Imaginemos un proyecto para mejorar la experiencia de compra en una tienda en línea. Un equipo propone realizar entrevistas a usuarios para entender sus frustraciones. Sin embargo, podría ser más eficiente comenzar con un análisis de datos de comportamiento en la plataforma, identificar los puntos críticos y luego si es necesario, realizar entrevistas dirigidas a un grupo más reducido de usuarios. Este enfoque iterativo permite avanzar rápidamente sin gastar tiempo y recursos innecesarios.
En conclusión, el diseño debe ser una herramienta para resolver problemas y encontrar soluciones innovadoras, no un conjunto de actividades realizadas por inercia. Recordemos siempre que lo importante es entender el “por qué” detrás de cada acción y mantenernos fieles al objetivo final: generar valor real para las personas y las organizaciones.