El desagrado hacia Emilia Perez por parte del público mexicano fue una bola de nieve que creció sin parar. Pero más allá de la nota, este fenómeno lleva consigo un comportamiento que ha ido creciendo en los últimos años gracias a las redes sociales, en especial TikTok, y que creo que es el inicio de una tendencia importante. Vamos por partes…
Hace unas semanas una creadora de contenido Camila Aurora, molesta por considerar Emilia Pérez una burla a los mismos problemas que intenta visibilizar, en manos de un blanco privilegiado que solo buscaba hacer una película de festival, expuso en sus redes sociales la idea de crear una historia en respuesta a Emilia Pérez, llamada Johanne Sacrebleu. En menos de lo que tardan en responderte los clientes la cotización, la gente se empezó a sumar y el corto se hizo una realidad, creando evidentemente un producto audiovisual con la clara intención de dibujar la cultura francesa con tanto cringe como Emilia Pérez lo hizo con la nuestra. En palabras de la propia creadora se trató de “activismo hecho entretenimiento”.
TikTok ha demostrado ser la red social preferida de la generación Z desde su auge en la pandemia, dejando a las redes de Meta llenas de señores y chavorrucos. Tiktok ha creado fenómenos sin precedentes y un comportamiento social que muestra que algo está pasando y que hay que ponerle atención: Un submarino lleno de ricos implosionando causando una ola de memes, el debate del tecno feudalismo, el movimiento pro palestina, el fenómeno de Luigi Mangioni y finalmente la creación de Johanne Sacrebleu, demuestra que TikTok, no solo es entretenimiento sino una herramienta capaz de organizar a las personas. Alguien con una molestia, una queja, una denuncia, una idea, se pone frente a la cámara, cuenta su historia, conecta con la empatía y sentido común de las personas, y empieza un fuego que es imposible de detener, un fuego que no se queda en comentarios y retweets sino que termina en una acción. Coincidiendo con una generación que tiene poco que perder, TikTok (y un poco X) es la red social del colectivo, misma razón por la que USA está intentando controlarla. Como escribió Kevin Kelly en The Inevitable: “Las tecnologías verdaderamente disruptivas no solo hacen cosas nuevas, sino que cambian el rol de quienes las usan”. El activismo ya es parte del consumismo. Hoy, si la gente quiere, puede odiar un producto y destruirlo.
Ahora ¿qué tiene que ver esto con el futuro de la Inteligencia Artificial?
Partiendo del presente de la IA, estamos presenciando una competencia feroz entre grandes tecnológicas y nuevos competidores. Desde la pelea entre Elon Musk y Sam Altman por el hecho de que Open AI está pasando de una non-profit a una profit, lo cuál desde la perspectiva de Elon es una estafa, hasta el lanzamiento de DeepSeek que tuvo un impacto en los mercados.
Y como en todos las grandes olas, vemos una multitud de emprendedores que buscan crear productos con la repetitiva promesa de innovar con la Inteligencia Artificial. Todo esto desencadenará una burbuja que probablemente reviente a más tardar el próximo año. ¿Por qué? Primero porque a este ritmo tendremos más productos de los que se necesitan y muy pocos con un gran impacto en el mundo real, sin mencionar que está por verse en qué casos la IA hacia el consumidor final es un todo en uno o un mundo de aplicaciones especializadas. Y segundo, porque no todo se trata de super máquinas sino de observar los comportamientos de los consumidores, y aquí es donde regresamos a Emilia Perez.
El activismo y el consumismo empiezan a converger de una forma interesante. Hay personas que aman Duolingo, hay personas que quieren boicotear Coca-Cola, es decir, el consumidor ya dejó de ser solo la pieza final de la cadena de suministro, es ahora voz y juez de las empresas a las que compra. Esto no es nuevo, el libro “This is Service Design” empieza narrando lo que un consumidor molesto le puede llegar a hacer a una empresa, en dicho caso a una aerolínea, usando solo las redes sociales.
Las tendencias como el consumo responsable, la preferencia por marcas con “consciencia” y la creación de comunidades han sido comportamientos que algunas empresas han sabido aprovechar. Todo esto se puede trasladar a la IA, haciendo que los usuarios, en especial la Gen Z prefieran IAs descentralizadas u Open Source como Huggin Face, una vez que sean conscientes de la no tan difícil decisión entre darle su dinero e información a una empresa u optar por modelos que sean más afín a sus valores.
¿Qué pasará cuando cualquier persona pueda clonar la app de tu startup con sólo darle una instrucción a la IA? ¿Cuál va a ser la diferencia entre una y otra? ¿El servicio? ¿las experiencias? respuestas obvias y sí, pero la excesiva competencia de productos tecnológicos que cada vez son más fáciles de producir no llevará a nada bueno. Es aquí donde no solo lo potente, sino lo eficiente y que conecte con la gente puede tomar ventaja, sobre todo si pensamos en el público joven que va a preferir construir en comunidad que darle su dinero a un bien intencionado billonario.
En resumen, mientras los grandes se esfuerzan por competir entre ellos, puede que haya un caballo negro en la contienda que los deje atrás. ¿Quién ganará? No creo que vayamos a tener la respuesta pronto, creo que todas las opciones (la centralizada, la open source y la descentralizada) empezarán a convivir juntas, pero a medida que el consumidor se vuelva más informado y más consciente, creo que allí es donde el barco puede girar a otros destinos inesperados.